Doom - War Crimes - Inhuman Beings

Enviado por Cuericaeno el Lun, 09/03/2015 - 02:56
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Gloom Side:
1. Confusion (Intro)
2. Life Lock
3. Slave to Convention
4. A Dream to Come True
5. Drowning in the Mainstream
6. Same Mind
7. Relief
8. After the Bomb
9. Stop-Gap
10. Scared

Shroom Side:
1. Sick Joke
2. Natural Abuse
3. Exploitation
4. Beat the Boss
5. Money Drug
6. Fear of the Future
7. No Religion
8. Phobia For Change
9. Multinationals
10. Obscenity
11. War Crimes

Inglaterra fue desde siempre los altos hornos de muchos estilos musicales que hicieron historia; unos a plena luz, otros aún bajo la sombra, pero no por ello menos legendarios estos últimos.

El Crust, el hermano elefantiásico del Punk, el congénere escondido de éste, estuvo desde su gestación destinado a un sombrío circuito underground, tras ser traído a la vida por bandas inglesas como los magnos AMEBIX, ANTISECT, HELLBASTARD, los míticos EXTREME NOISE TERROR o los protagonistas de esta reseña, los inefables DOOM; no sin ser extendido ese espectro germinal a otras regiones por los neoyorquinos NAUSEA entre otros.

De Birmingham nada menos venía el cuarteto de verracos que da nombre a esta crónica, región ya de por sí fundacional de varios géneros, y que esta vez sería la ciudad que vería romper el cascarón de esta formación. DOOM se formarían en 1987, y tras su demo War is Big Business del mismo año, al posterior encontraron el auspicio de un sello como el entonces emergente y hoy renombrado Peaceville, pudiendo al fin publicar su álbum debut, que es este seminal, febril y corrosivo War Crimes - Inhuman Beings.

Menos es más. Dos notas son suficientes, ya una menos que en aquella igualmente siniestra y rupestre tonada que daba nombre a otros también de Birmingham (y hasta aquí cuento). El minimalismo con el que se arrastra hacia nosotros Confusion, la intro de la obra, es brutal, por toda esa “confusión” que plasma desde la más mínima expresión sonora. Ese discurso distorsionado, donde podemos escuchar pegado cual parásito a la voz de Jon ese fluctuante efecto helio como trasfondo, que en un principio puede sonar tal vez cómico si simplemente me lees, como si a un pitufo le hicieras una ahogadilla en ácido sulfúrico y así luego le arrancaras una confesión mientras se deshace. Pero el ambiente oscuro y sofocante donde se mueve eso no da pie a la más mínima risita, y ese recurrente efecto, casi fantasmal, no hace más que acentuar el ‘mal rollo’ que nos canaliza la obra desde su primer segundo de rodaje. Parece que la voz de una extraña conciencia dicta al cantante, y aquello es hipnótico a la vez que algo aterrador, enfermizo. Todo ello es la antesala que nos prepara los sentidos para este festín de distorsión y protesta social que es War Crimes.

Cuando ya las canciones propiamente dichas empiezan a sonar, se hace patente a pocos pero tajantes rasgos la identidad del sonido ya no sólo de la banda, sino de todo un subgénero como es el Crust: Ese bajo prominente de Pete, la voz gutural de Jon, el nasal riffeo de Bri a las seis cuerdas y el corpulento tropel de Tony a los parches. La oscuridad, la negatividad y la denuncia en las letras. La celeridad, lo urgente y lo extremo en la música.

Además de esos aspectos, la brevedad de las canciones, que hacen del largo listado un viaje realmente corto pero intenso, hace sentir, hallar en cada escucha, ese eslabón perdido entre el Punk y un estilo que acabaría de alguna forma siendo asociado, aunque erróneamente, con el Metal (aunque en ciertos aspectos sea muy afín a éste), pues aquí notamos el germen del Grindcore (ya puestos, Mick Harris, batería de NAPALM DEATH, llegó a tocar con DOOM).

En trabajos como éste es cuando uno nota la autenticidad de una propuesta, ese sentimiento sincero e inmediato encauzado a través de los instrumentos; ese querer decir algo, y lo más importante, la sensación de notar lo a gusto que se quedan los autores vomitándolo. Es la idiosincrasia inherente en todo movimiento que nace de forma natural, sin querer instaurar una moda o una tendencia; la condición de un colectivo que realmente siente lo que hace.

Difícil poner a un tema por encima de otro, pues entre sí, todos son diástole y sístole de esa continua taquicardia, todos a grosso modo de mismo pelaje e intención, fragmentando en 21 pedazos la poco más de media hora de vida que agota a golpe y berrido esta ópera prima de DOOM, grabada en Rich Bitch Studios en Febrero de 1988 para hacer historia dentro de las expresiones más extremas de la música underground.

Menos mal que no quedaban clásicos por subir…

Jon Pickering: Voz
Bri Doom: Guitarra
Pete Nash: Bajo
Tony ‘Stick’ Dickens: Batería

Sello
Peaceville