Judas Priest - Recorded Live at the Long Beach Arena, California, 05-05-1984

Enviado por El Marqués el Sáb, 14/03/2015 - 09:31
8

Cd 1:

1. Love Bites
2. Jawbreaker
3. Grinder
4. Metal Gods
5. Breaking the Law
6. Sinner
7. Desert Plains
8. Some Heads Are Gonna Roll
9. The Sentinel
10. Rock Hard Ride Free

Cd 2:

1. Night Comes Down
2. The Hellion
3. Electric Eye
4. Heavy Duty
5. Defenders of the Faith
6. Freewheel Burning
7. Victim of Changes
8. The Green Manalishi
9. Living After Midnight
10. Hell Bent for Leather
11. You´ve Got Another Thing Coming

Al igual que en 2012 Judas Priest celebraron el trigésimo cumpleaños de “Screaming for Vengeance” reeditando el disco con diversos extras entre los que destacaba el Dvd de la histórica actuación a plena luz del día en San Bernardino, California, ante 300.000 personas en el marco del US Festival 83, para conmemorar ahora el aniversario de “Defenders of the Faith” han escogido otra joya de sus archivos, que desde siempre ha circulado, primero en formato físico, después con sucesivas cargas en la Red, en versión pirata: El show de la banda en el clásico Long Beach Arena la tarde del 5 de mayo de 1984, en pleno Defenders Tour, uno de los más grandes y recordados de la leyenda británica del Heavy Metal.

“Defenders of the Faith” no es, en mi opinión, uno de los mejores discos del estilo, siempre hubo una descompensación entre el nivel de la original cara A, de “Freewheel” a “Sentinel”, y la segunda. Su antecesor “Screaming” era mucho más equilibrado, e incluso en los posteriores “Turbo” y el tradicionalmente denostado “Ram it Down” hay cuatro o cinco canciones mejores que todas las que ocupan la segunda parte del álbum del 84, si bien es innegable que este disco ha pasado a la historia como uno de los estandartes, de los iconos más representativos de lo que es y de lo que siempre ha significado el Heavy Metal para millones de personas.

Y uno de los motivos fue el grandioso y espectacular tour del que sale este bootleg que desde hace cuatro días podemos disfrutar íntegramente en una versión restaurada, como he indicado, que acompaña a la reedición del Defenders 2015.

Hablando de la misma impresiona comprobar cómo, pese al impacto y la potencia visual que la imagen del grupo actuando sobre un escenario han significado desde siempre, en esta ocasión se han atrevido a prescindir del formato Dvd, obligándonos a centrar toda nuestra atención en la música, entre la cual, y viendo el set list del show en el Arena de California, dejaron fuera muchas de las inmensas canciones de “Screaming for Vengeance”, conscientes de la dinamita que tenían para presentar a la audiencia.

De hecho, la espídica “Eat Me Alive”, es la única pieza del nuevo trabajo que no sonó en aquel tour, y no formaría parte del repertorio en vivo de la banda hasta 2008, cuando fue recuperada junto a “Dissident Agressor”, “Between the Hammer and the Anvil” y demás cañonazos menos conocidos que registraron en el sencillo “A Touch of Evil Live”.

En todo caso, centrándonos ya en el pase del 5 de mayo, el arranque con “Love Bites” es una gozada, sonando mucho mejor que en la versión del “Priest…Live” del 87, hasta Ian Hill se luce marcando el pulso por debajo de los no-solos de guitarra que lleva esta canción.

“Jawbreaker” es la segunda, y ya te arranca lágrimas de felicidad y emoción. El Metal God ha declarado que, según la respuesta del público en el tour que les ha de llevar a finales de julio a Barcelona, irán viendo si dan más cancha a los temas del “Redeemer” o a los de “Defenders”, con lo cual ya me veo en la Ciudad Condal este verano dando botes mientras suenan los ampulosos y melodramáticos riffs que inician el corte que en el original sucede a “Freewheel Burning”.

“Grinder”, “Metal Gods” –que en aquellos días no sonaba tan cansina como ahora, tan desgastada y trillada ya-, “Breaking the Law”, te van dirigiendo en recreaciones dinámicas, trotonas, llenas de ritmo, a una brutal relectura de “Sinner”, la canción en que Downing recorría las pasarelas escupiendo fuego y haciendo saltar chispas de la Flying V; “Desert Plains”, de otro de los grandes olvidados tradicionalmente, el “Point of Entry”, da al gran Dave Holland una oportunidad de lucirse con sus breaks que interpreta en solitario; y es una maravilla escuchar a Rob presentar “Some Heads are Gonna Roll” como un tema del nuevo disco de Judas, por un momento dejas volar tu imaginación y te sitúas en pleno 1984. Chavalines todos nosotros, llenos de acné, energía e ilusión, con toda la vida por delante para contaminar nuestras venas con el veneno del Metal.

“Sentinel” y “Rock Hard”, esas dos obras de arte que aunque formen parte de un disco que, como he dicho antes, no es el mejor de la historia del Metal, por sí mismas si están en el Top Ten del estilo, conducen a la tenue “Night Comes Down”, con su tempo pausado, antecesora y mucho mejor a mi entender que la más conocida “A Touch of Evil”, y de ahí pasamos a la traca final. De ahí en adelante todo lo que escuchamos son himnos que no necesitan descripción, ni por supuesto presentación. “Hellion/Electric Eye”, “Victim of Changes”, “Manalishi”, “Freewheel”, “Hell Bent” con el rugido de la Harley y la comunión con el público, el subidón final con unas “Living” y “Coming” que hoy día también suenan híper explotadas y aquella tarde resultaron descomunales… Pues eso, y como pronunciarían los sajones: Nids nou Introdaction”.

Estos días el vocalista declara que en aquellos tiempos no percibía casi nada de lo que ocurría durante los shows, que iba ciego de sustancias, pero vaya, que si realmente pilotaba con el automático, lo hacía como lo que siempre ha sido y siempre fue: una verdadera deidad sobre las tablas, el genuino Dios del Metal, con su imagen de entonces, tan diferente a la de ahora, ese pelo rubio tan corto y pegado al cráneo, la mirada amenazante, así como los pantalones rojos de Tipton, las muñequeras imposibles de Downing -¡nadie ha lucido después algo así con aquellos collares sobre cuero cubriendo los antebrazos!-, el juvenil aspecto de Ian Hill -¡sí! ¡Este hombre un día fue joven!-, o el bigote del desventurado y enfermo Holland, que por cierto me llevé una alegría al leer a Halford hace poco recordando cómo su viejo batería allanó el camino para instalarse en el estudio de grabación, al contrario de lo que hacían hace años, cuando se negaban a mencionarle siquiera y retiraron digitalmente su imagen de muchas fotos de la época. Eso no se hace con el tío que ocupó el taburete de Judas desde “British” a “Ram”, por graves y terribles que sean los errores que haya podido cometer después.

Suena en este momento la novedosa grabación en estudio de “Jawbreaker” en el reproductor, saltas unas cuantas pistas y te encuentras con una fascinante “Eat me Alive”… y es que las canciones de esta gente son tan buenas, su ataque es tan implacable y la vez tan puro, que tal vez sean la única banda del mundo que llega a ganar con el sistema de sonido que se aplica a tantas grabaciones hoy en día. El volumen es estruendoso, pero es que este lanzamiento de 2015 conserva el eco y la mágica épica del original, y por momentos hasta parece superarlo en potencia y claridad de sonido.

Rob Halford: Voz
Glenn Tipton: Guitarra
K.K. Downing: Guitarra
Ian Hill: Bajo
Dave Holland: Batería