Riot - The Brethren of the Long House

Enviado por TenzaZangetsu el Lun, 14/04/2014 - 04:13
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Episodio cuatro de un servidor acerca de las crónicas de “Como el mundo de la música le orinó en la cara a Mark Reale”. Seguimos, nenes.

Cuando todas las posibilidades yacen en tu contra, es bastante fácil –y sin mencionar entendible- retirarse para dedicarte a metas más “realistas” pero yo siempre he pensado que ahí radica la mediocridad del ser humano. Desde mi perspectiva, cualquier esfuerzo debe estar enfocado a apuntar a lo más alto y no conformarse sino exigirse más. No contemplo ningún otro escenario. Tal vez mi predilección por Mark Reale y sus huestes de Riot puede llegar a ser tildada de “fanática” o “parcializada” pero no me siento avergonzado de nada. Para mí, Tenza Junior Zangetsu, la belleza de la música está basada en lo mucho que te inspire y llene de emociones. Riot, con sus estupendos álbumes y actitud de ir contra la marea, siempre han simbolizado un aspecto de la vida con el que me siento francamente representado: el de luchar contra la adversidad y demostrarle a todos que están equivocados. Nadie –y quiero decir nadie- puede decirte que no puedes ser lo que deseas. Si eso es un fanático, me declaro culpable y orgulloso de ello.

Luego de haber sobrevivido a un cambio de vocalista con el fenomenal Nightbreaker, el eterno luchador que era Reale y sus huestes se preparaban para otra cruzada contra todo el mundo metalero. Si en los 70s y 80s no la habían tenido fácil, mucho más engorrosa era la cruzada en los 90s. Riot apestan a Metal afilado, añejo y descarado. Los 90s no fueron su tiempo pero ninguna década lo había sido. Reale era un luchador e iba a dar el todo por el todo para seguir haciendo la música que amaba desde lo más recóndito de su corazón. Cuando te desvives por el arte, menos que esto no es aceptable. Requiere sacrificar toda la entereza de su ser.

La era de Riot con Mike DiMeo (y que a la postre sería la más duradera de la banda) daba inicio con aquel trabajo del ’93 que acababa de mencionar y demostraba que la agrupación no daba tregua en su marcha triunfante –por más que muchos no lo digan- durante la oscura década de los 90s. Sobrevivir a la marcha del soberbio Tony Moore fue una hazaña; sobrevivir como fuerza creativa y compositiva estaba en prueba. De un solo álbum no se vive en el mundo de la música y mucho menos si eres Mark Reale. Tocaba volver a los estudios y demostrarles a sus aficionados que podían contar con su banda de toda la vida. La escena clásica estaba más muerta que John Lennon en 1995 y no era muy recomendable hacer un álbum de esta índole si querías tener éxito. Y yo me pregunto, ¿acaso eso le importaba a Mark? No creo. Si en los 80s no tuvo gloria comercial, creo que en esos años tampoco estaba muy interesado en eso ya. Solo le importaba hacer buena música para deslumbrar a sus fans. Y déjenme decirles que siempre cumplió en ese aspecto.

Bajo ese espíritu de lucha y desinterés comercial nació The Brethren Of The Long House (que título más largo, por Dios). Un álbum basado en las desgracias vividas y el sufrimiento por las culturas aborígenes e indígenas en Estados Unidos. Un concepto algo peculiar y que no peca de ser común. La portada, con el indio mirando con melancolía el cielo estampado por la luminiscencia de las estrellas, ya distaba mucho de lo que solemos vislumbra en el arte de la banda (¡extraño a la foca!). ¿Acaso se avecina un cambio en Riot? ¿Acaso se han rendido ante las serpientes del comercialismo? ¡No cerca, colega! Van por la garganta y no van a tomar prisioneros. Estos son más Heavies que las mallas de Steve Harris o la melena de Blackie Lawless. Veamos si siguen igual de avasalladores o ya el Padre Tiempo les está alcanzando. Abramos el libro del pasado y conozcamos una historia que no conocemos –al menos no la conozco yo. We ride!

No suelo ser un gran fanático de las introducciones pero debo decir que The Last of the Mohicans - Elk Hunt transmite ese aire de magnificencia y genialidad que te hace saber, sin ninguna sombra de duda, que Riot ha llegado. Felicito a Steve Loeb, productor, por hacer una labor excelsa en los teclados ya que estos suben el listón de lo que está por venir. Porque hablar de Glory Calling es hablar de ese estilo relampagueante y lleno de adrenalina que caracteriza a la banda en cuestión. Un trallazo al más puro estilo Thundersteel pero con una exquisita mixtura del sonido más melódico de la era DiMeo. Un tema del más alto calibre y las partes de guitarra de Mark son estupendas; de lo mejor que le he escuchado y esa frase la he usado mucho con él. Macaluso (quien comparte la labor en las baquetas con Jarzombek en el álbum) no para con el doble bombo y DiMeo se deja el alma en la canción. Ahí radica su mayor fortaleza: en su visceralidad y empatía a la hora de cantar. Noto un pequeño tinte de Progresivo en esta canción y en el álbum pero tal vez solo sea yo. Explosión electrizante. Riot a pulso.

No obviemos la energía que la banda tiene en esta entrega porque es cuasi palpable y física. Rolling Thunder es, simplemente, una pasada y brutalidad metalera. Súper inquieta y desafiante. DiMeo realmente canta con pasión desmedida y algunos pasajes instrumentales son bestiales. Aquí la banda hace un valor agregado para servir esta canción con más nivel. Por eso me gusta tanto esta banda: puede que no siempre se reinventen pero se esfuerzan como pocas. Algunas melodías de guitarra me recuerdan a las de Helloween en los 90s. Un trueno metalero que te va a partir en dos. Así me gusta, joder. Con un par.

Contrario a lo que puedan decir algunas personas, este no es un grupo que ha hecho muchas baladas pero las pocas que han hecho son de gran factura. Rain tal vez pueda ser la mejor de ellas, aunque no estoy seguro de esa declaración. Esto suena como una mezcla de las melodías del período 88-90 de la banda con reminiscencias a Deep Purple y Rainbow. Cabe mencionar que DiMeo casi obtuvo el puesto de vocalista en la maquinaria cuando en la época de The Battle Rages On. Así que algo de buen hacer tenía el hombre. Una vez pude conversar con él y me dijo que hasta hay algunas grabaciones de esa época pero eso no va al caso. Lo que si va al caso es que la canción tiene una atmosfera bastante lograda y especial; te lleva a un escenario melancólico y emocional como si fueras el indígena de la portada y la lluvia te azotara en la cara. Mark hace una labor guitarrera que me recuerda a la de Blackmore en el estilo aplicado. Una pieza magistral de buen Rock.

Wounded Heart tiene la difícil tarea de continuar luego de esa fenomenal balada pero lo hace con mucha personalidad. Me parece un cruce entre Hard Rock y Power Metal. Es como lo hecho en Born In America pero con influencias más metaleras y melódicas. Un gran tema y que te sorprende con esas estupendas melodías vocales de DiMeo. Siempre he enfatizado que la labor de Reale es la mejor de la banda pero lo de DiMeo aquí en este álbum es excepcional. Tampoco hay que olvidar al bueno de Mike Flyntz haciendo esas melodías de guitarra que se adhieren a tu corazón y no se te olvidan ni luego de una semana de borrachera. Sacando su vena más melódica pero misteriosa con esa batería marcial de Macaluso, comienza el tema título. Las guitarras suenan más a Maiden que lo que la Doncella estaba haciendo con Blaze en ese año –pero con buen nivel. Aquí la calidad baja un poco puesto que la canción no termina de tener el golpe definitivo para engancharte como es debido. Cierto es que DiMeo canta con confianza pero no hay suficiente garra aquí. Lástima, porque el trabajo del baterista aquí es bastante interesante y más intricado de lo normal.

Una que si me encantó a las primeras de cambio fue esa estupenda versión de Out In The Fields del irrepetible Gary Moore. DiMeo canta como si este tema fuera suyo y las melodías de las dos guitarras son fantásticas. El estribillo es un ganador y quedaras tarareándolo luego de la primera escucha. El tema más ochentero del trabajo y me tiene encantado. Seguro que el bueno de Moore sonrió luego de escuchar esta tremenda interpretación. Hard ´N´ Heavy. Nice. Santa Maria si es un tema de lo más peculiar en el catálogo de Riot. Piano y tono de balada muestran ya un terreno nunca antes explorado por la banda. Las cuerdas y la percusión de esta canción la hacen algo totalmente carente de elementos metaleros y no debe ser tratada como él. Es un tributo musical a las penurias sufridas por los antepasados aborígenes y es interesante, a mis oídos. Jamás y nunca habría pensado que un grupo que puede pecar de lineal como este pudiera ser capaz de hacer algo como esto. Pueden amar esta canción u odiarla. No hay término miedo.

Retornan a sus derroteros vacilones de los 80s con la muy Hard Rock Blood Of The English. Esta canción es muy típica de la época que mencioné pero la noto un poco incómoda para las tesituras vocales que está empleando DiMeo. Buenas melodías vocales y todo pero instrumentalmente hablando no me parece ninguna maravilla; uno de los temas más flojos del álbum. Más Heavy y Power Metal se erige Ghost Dance que aquí si encuentro a la banda más certera que en la anterior. Flyntz y Reale se salen con unas secciones de guitarra estupendas en el ocaso de la canción y me parece que con otros trabajos como este prueban que eran una dupla de armas tomar. Shenandoah es una preciosura de canción con el flaco de la Gibson brillando con luz propia mientras hace llorar a su guitarra de manera memorable. DiMeo suena más como un narrador aquí pero debo decir que es el bueno de Mark quien hace lo más sorprendente aquí con partes de guitarra de infarto. Puro feeling. Es un tema de lo más básico pero eso es lo más notorio. Sirve más como una narración de los eventos que cuentan las letras –muy buenas, por cierta.

En este trabajo han expandido un poco sus horizontes pero no se desarraigan mucho de sus raíces y así lo vemos con Holy Land (nada que ver con el álbum de Angra). Esto es un tema de decadente y disfrutable Heavy Metal reminiscente a Blood Of The English pero mejor hecha y más energética. El riff es bastante clásico de la escena, sin duda. Un buen tema, nada más. Deciden acabar a lo grande con una fenomenal y épica The Last of the Mohicans - Elk Hunt (Mohicans Reprise). Aquí Perez da rienda suelta a su buen hacer como bajista y los dos guitarristas son unas máquinas aquí. Instrumentalmente hablando, es una grosería y lamento si incomodo a más de uno con lo que puede sonar un análisis subjetivo pero así es como reseño. Aquí, una vez más, notamos una faceta madura y consagrada de un grupo que lleva más de dos décadas partiéndose la espalda en el negocio de la música y tiene la suficiente experiencia para saber cuándo más es menos y menos es más. Aquí todos los miembros instrumentales sobresalen (DiMeo ya brilló bastante; tenía que dejar para los demás). Así acaba este trabajo de uno de los grupos más trabajadores de nuestra música: con una instrumental que no tiene pérdida y que me parece la mejor que han hecho en sus carreras. Así de simple.

Este es un trabajo bastante interesante de analizar, si me preguntan. A pesar de que no se alejaron mucho de su sonido clásico, podemos darnos cuenta de que hay algunos matices que enriquecen a este trabajo. Es un trabajo que muestra a la agrupación apuntando por algo más alto pero lastimosamente no concretaron esto en el siguiente álbum. Para nuestra fortuna, siguieron con su contundente sonido metalero. Para fortuna de todo aquel que se haya topado con el injustamente olvidado cofre de maravillas que es Riot.

Tres cuernos (altos) para The Brethren Of The Long House. Si amas el arte, nunca te des por vencido. Nunca.

• Mike DiMeo - Vocales, teclados
• Mark Reale - Guitarras, voces de fondo, productor
• Mike Flyntz - Guitarras
• Pete Perez - Bajo
• John Macaluso - Batería, portada
Invitados:
• Bobby Jarzombek – Batería en los temas 1, 4, 12, 13, 14
• Steve Loeb - Teclados, cuerdas, voces de fondo, orquestación, productor
• Kevin Dunne, Phil Mangalanous, Steve Briody - Cuerdas, orquestación
• David L. Spier - Trompetas

Sello
Rising Sun Records