ZZ Top - Azkena Rock, Vitoria, 19/20 de Junio de 2015

Enviado por El Marqués el Lun, 22/06/2015 - 00:16
422

1. Got Me Under Pressure
2. Waitin' for the Bus
3. Jesus Just Left Chicago
4. Gimme All Your Lovin'
5. I'm Bad, I'm Nationwide
6. Flyin' High
7. Pincushion
8. I Gotsta Get Paid
9. Foxy Lady
10. Catfish Blues
11. My Head's in Mississippi
12. Chartreuse
13. Cheap Sunglasses
14. Sharp Dressed Man
15. Legs

Bises:

16. La Grange
17. Tush

Si hay un lugar en el que ha tenido sentido lucir esas largas, frondosas y no siempre bien aliñadas barbas que media humanidad (el colectivo masculino, obviamente) ha decidido dejarse en los últimos tiempos, ese ha sido Mendizabala, el recinto que por décimo cuarta vez ya ha acogido el mítico festival Azkena Rock en Vitoria este fin de semana.

La presencia de ZZ Top como cabezas de cartel junto a Mastodon era la excusa perfecta para pasearse con orgullo por la capital alavesa con el infalible look rockero de las gafas de sol, baratas o no, la camiseta negra y las barbas dignas de los reyes del Antiguo Testamento, esos que usaban nombres como Jeroboam, Malaquías, Nehemías, Artajerjes o Nabucodonosor, cuando no Nabopolasar, rematado todo ello con el puñetero sombrerito naranja que la compañía Euskaltel te regalaba al entrar, y que causó sensación entre concurrencia y los mismos músicos.

No es ningún secreto que el cartel ha bajado en cuanto al nivel de los grupos, sigue habiendo mucha calidad y es el mejor y más genuino festival rockero que se sigue celebrando en el país, con señas de identidad propias y un público que compra la entrada casi a ciegas en cuanto sale a la venta en el otoño previo sin saber uno solo de los artistas que van a intervenir, pero en sus tres últimas ediciones, aunque hayamos contado con la presencia de bandas como Scorpions, The Black Crowes o los autores de “Eliminator” y “Fandango” hace menos de 48 horas, dista mucho del aluvión de superestrellas que pudimos disfrutar en convocatorias como las de 2003, 2006, 2009, 2010, 2011 o 2012. Y es que por las tablas del escenario principal de Mendizabala, reducido ligeramente de tamaño por la razón que sea este año, han pasado nombres como Bob Dylan, Iggy & The Stooges, KISS, Greg Allman, Brian Setzer, Lynyrd Skynyrd, Ozzy, Alice Cooper, Sex Pistols, los mencionados Scorpions y Crowes, The Cramps, New York Dolls, Pearl Jam, Chris Isaak, Gov´t Mule, John Cale, Molly Hatchet, Tool, Deep Purple, The Misfits, los madrileños Sex Museum, el macarrazo de Mike Ness con sus Social Distortion, la leyenda fundadora del Stoner Masters of Reality, Hanoi Rocks, Status Quo, Twisted Sister, Blue Öyster Cult, Monster Magnet, Glenn Hughes, Rob Zombie, Buckcherry, The Cult…que el caché del festival es alto, vaya, y que aunque siempre se las arreglan para dejarnos buen sabor de boca se echan mucho de menos aquellos tiempos.

No obstante fue una alegría ver cómo en el escenario B han quitado la carpa y lo han dejado al aire libre como en los primeros años. El mercadillo esta vez más cutre, más institucional, todo muy oficial, sin esos puestos más cercanos regentados por sudamericanos que te vendían todo tipo de camisetas, tachas, muñequeras, parches y cazadoras de cuero al estilo 80´s, o las pequeñas tiendas de CDs cuyos dueños se desplazaban desde cualquier punto del país o el sur de Francia y te permitían encontrar gangas inesperadas.

Buena idea, eso sí, la inclusión de la tienda de comics, y una abundante oferta de literatura rockera.

Sobre las bandas, un placer entregarme en cuerpo y alma a una actividad que hacía años no practicaba, el pogo que se montó en las primeras filas frente al centro del escenario en el show de los neoyorquinos D Generation, que me consta no conocéis por aquí, y que repasaron casi todos los temas de su clásico “No Lunch” más alguno de su sucesor “Through the Darkness”, grabados ambos en la década de los 90. Los de Jesse Malin han regresado con su High Energy Punk n´Roll pionero de todo lo que hicieron después las bandas escandinavas encabezadas por Hellacopters, Turbonegro, Gluecifer y Backyard Babies, anuncian nuevo disco, y en Vitoria hicieron que unos cuantos vibráramos con su adrenalínica descarga de munición punk rocker con poso glam, culminada por esos dos viejos trallazos que son “Frankie” y la fabulosa “No Way Out”.

Otra banda que se anticipó, no en la década del Grunge y las pelis de Tarantino sino en pleno siglo XXI, al interés actual por la psicodelia de finales de los 60 son Black Mountain, cuentan con varios discos, dos en concreto -“In the Future” y “Wilderness Heart”- totalmente recomendables, que ya en la oscuridad de la noche fueron reproducidos parcialmente con brillantez. Hipnóticos, luminosos y con muy buen sonido, representan lo que son la mayoría de los grupos en la actualidad, algo que también puede aplicarse a Red Fang: Aprecias sus virtudes, te hacen pasar un buen rato, pero ni sabes cómo se llama uno solo de sus miembros, ni tienes interés en aprenderlo.

Todo lo contrario con L7, seguramente la banda más recordada y que contó con más popularidad de todos los combos de Riot Grrrls que funcionaron en la primera mitad de los 90. Estas cuatro fieras que en su día colocaron el ardor uterino entre los ingredientes necesarios para elaborar rock and roll, dejaron también para la posteridad algún buen trabajo, “Bricks are Heavy” sobre todo sigue abrasando como una descarga de napalm sobre la jungla vietnamita, y de él rescataron varios temas como el célebre en aquella época “Pretend We´re Dead”, o una cruda “One More Thing” que Donita Sparks explicó apenas habían tocado en directo en sus días de gloria. Me encantó verlas con ese deje de vacile y mala hostia tan propio de las bandas noventeras, que creían en sí mismas y en la integridad a prueba de bombas por encima de otros conceptos como el interés en escalar en los charts, y aunque a Suzi Gardner y Jennifer Finch se las ve mayores, Donita está tremenda, y aunque supere los 50 luce tipazo, sensualidad y elegancia rockera con su presencia en el centro del escenario. Parece ser que fue un documental lo que las ha puesto de nuevo en el mapa, y por mí que se queden mucho tiempo entre nosotros.

Antes de entrar con el trío de Texas, unos breves apuntes sobre el sábado, gastronómicos, musicales y futboleros. Desplazamiento a Bilbao por carretera nacional, pasando del peaje y entre pinares verdes, montañas rocosas, embalses y pueblos con grandes iglesias con nombres como Ubide, Altzuste o Barazarko, para tomar unos pinchos en Licenciado Poza, que desemboca en el estadio de San Mamés. Resulta que jugaba el Cádiz contra el filial del Athletic un partido por el ascenso de categoría, así que los garitos estaban llenos de camisetas amarillas, cánticos e intercambio de bromas entre vascos y andaluces. He leído que ha ganado el Athletic B, suerte gaditanos para la vuelta, llenaron el ambiente con buen rollo y humor como es normal.

Con quienes no me reí tanto fue con un grupo de gilipollas maleducados llegados desde Bayona (Francia) que celebraban en la marisquería de la calle Poza una despedida de soltero. Nunca le he visto la gracia a este tipo de celebraciones en las que un grupo de entre 10 a 15 mandriles vestidos todos igual invaden un lugar obligando al resto de clientes a retirarse de la barra mientras ellos dan rienda suelta a sus instintos primates, consistentes en berrear y hacerse selfies junto al “novio”, un retrasado mental vestido con ropas de mujer que dejaban ver piernas peludas y tatuajes cutrísimos, y que encima se atragantó como una nena cuando el resto de la piara le hizo beberse de un trago un chupito de orujo. Vamos, que de Bilbao no era, y por atuendo recordaba al personaje de la foto sólo que con mucha menos dignidad. Que le vaya bien en su futura vida conyugal, faltaría más, sólo espero que cuando dentro de 3 o 4 años se divorcie no vuelva a elegir para celebrar su despedida de casado el mismo local en que se relaja el Marqués.

Ya en el recinto el sábado, pues me hubiera gustado ver a Kvelertak, pero tocaban a las dos de la madrugada, había que retornar a Madrid y no fue posible. Antes Red Fang, los Cracker de David Lowery, otra banda de puro rock americano de raíces y dejes country que también sonó bastante en los 90 gracias a buenos álbumes como “Kerosene Hat” y “Gentleman´s Blues”, y que aunque practiquen un estilo en las antípodas de lo que solemos escuchar en esta página ofrecieron un conciertazo (buenísimo el guitarrista Johnny Hickman, y muy enrollado Lowery dando las gracias varias veces en euskera, y comparando con cariño el sombrero de los cow boys con la txapela vasca como seña de identidad), y los Eagles of Death Metal, banda flojísima que cuenta con un frontman simpático llamado Jesse Hughes y que repetían tras su visita en 2006.

De ellos comenzamos a oír hablar porque eran amigos del Josh Homme de Queens of the Stone Age (como si eso significara algo, el Homme de Kyuss es Dios, pero el de QOTSA…mejor lo dejo ahí), y Hughes se lo curra como showman, Brent Hind de Mastodon apareció para tocar con ellos una de sus pocas canciones memorables, “I Only Want You” (memorable por lo fácil del estribillo, no por la calidad), y al final se fundieron en un apasionado abrazo, pero las canciones, rock rítmico vacileta pero inofensivo no valen nada, por mucho que este doble de Ned Flanders metido a rocker se dirija al público y termine cambiando su camiseta de ZZ Top con una chica de las primeras filas. De hecho en 2006 actuó en el escenario principal y nueve años después vuelve al secundario, a un peldaño inferior, sin haber aportado nada a la historia del Rock.

Mastodon en cambio si reciben tratamiento de grandes estrellas, tocan de noche en el main stage mientras la vez anterior que les vi fue en el Monsters of Rock de Zaragoza en 2007 a las tres de la tarde, siguen siendo buenos, el batería Brann Dailor es uno de los mejores drummers que se pueden ver sobre un escenario actualmente, no os quepa duda, el tío te deja con la boca abierta con su incesante pirotecnia percusiva, pero ya no asustan como cuando organizaban tormentas de watios y puro caos con la maldad, el abrupto misterio contenidos en discazos como “Remission”, “Call of the Mastodon” o su obra maestra “Blood Mountain”.

Y venga, tiempo por fin para hablar de ZZ Top. El trío ostenta un record que ni Rush –cinco décadas en activo sin cambiar de formación-, palabrería habitual en estos casos tipo “leyendas” les quedan cortas, por edad podrían tocar junto a Jagger, Richards, Eric Clapton o John Mayall, y sería absurdo esperar de ellos un show como si estuviéramos en los 70 descubriendo “Fandango” y “Deguello”. No había manera de traspasar la consistente masa humana que se congregó para verles, algo que no ocurrió ni con Mastodon, me crucé incluso con auténticos Ángeles del Infierno del capítulo español que habían venido a verles –apenas recuerdo haber visto antes Hell´s Angels en el Azkena, y estos eran de verdad, de los que portan a la espalda la calavera diseñada por el fundador Sonny Burger, el presidente de los Ángeles que custodiaron a los Stones en Altamont en diciembre del 69 y que inspiraron la serie “Sons of Anarchy”-, pero el show no me mató de emoción.

Muchos veteranos brincaban de felicidad con el arranque con “Got me Under Pressure”, apostando a caballo ganador desde el principio, seguido de la cadenciosa “Waitin´ for the Bus” cuya misión desde siempre ha sido llevarnos al maravilloso enlace con “Jesus Just left Chicago”, y de ahí al cielo con “Gimme All your Lovin´”. Las canciones de “Eliminator” deben ser las más tarareadas de los 80 junto a los hits del “Slippery when Wet” de Bon Jovi, y por supuesto tampoco faltaron “Legs”, “Cheap Sunglasses” y “Sharp Dressed Man”, alternadas por la etílica “Chartreuse” y la casi AOR “Flyin´High”, dos de las mejores de su último disco, el estupendo “La Futura” que a lo tonto tiene ya tres años, pero la versión de Hendrix me sobró del todo, y el blues posterior también.

Mucho oficio, la gozada de tener delante a una institución como es Gibbons con esa voz cavernosa que le ha puesto el paso de los siglos, sin desmerecer para nada a Hill y a Beard, pero todo a medio gas, con una puesta en escena muy simple (dos monitores a ras del suelo que proyectaban imágenes con sus vídeos eighties), sus clásicos movimientos sincopados muy escasos ya, y sobre todo el interludio de “Foxy Lady” y el cover de “Catfish Blues” que enfriaron considerablemente el ambiente. En estos casos tiendo a pensar que quizá sea yo el que no está sabiendo apreciar lo que tiene delante, pero vaya, que en ese tramo central del concierto me fijé y la gente estaba paralizada. En España se usa el chiste cuando un lugar es muy frío de que solo hay dos estaciones: “Invierno y la del Tren”. Pues bien, en Mendizabala año tras año cuando oscurece no hay dos sino cuatro estaciones, os lo puedo asegurar: Invierno, invierno, invierno y más invierno, por mucho que estemos a finales de junio, así que el rollo bluesy de los tejanos en esa fase del concierto no ayudó a caldear aquello. Seguro que muchos lo disfrutaron, pero a mí me dejó un ligero regustillo, una leve decepción. Remontaron el vuelo, y aunque de ellos se espera mayor atrezzo escénico que los instrumentos rectangulares cubiertos de piel de borrego, su presencia y saber hacer sí terminaron aportando chispa, aunque no la suficiente para que aquello estallara. Buen tío en todo caso Billy Gibbons, cambiando “Mississippi” por “Vitoria” en “My Head´s in…”, aunque no sé si muchos se enteraron, y está claro que cerrar con "La Grange" y "Tush" te deja tan feliz como escuchar los cañonazos de "For those about to Rock", el riff de "Satisfaction" o los tres finales con batería alocada de "Overkill" antes de retirarte, con lo que el balance final es positivo.

Mañaña lunes tenemos a KISS en Madrid, la última vez que les vi fue en 2010 en el mismo escenario grande de Vitoria, y a Stanley también lo encontré desmejorado. Veremos qué nos deparan los astros, espero poder contároslo. Y que siga por muchos años el Azkena, una verdadera referencia de los festivales en toda Europa.

Billy Gibbons: Guitarra, Voz Principal
Dusty Hill: Bajo, Voz
Frank Beard: Batería