Mekong Delta - Dances Of Death (And Other Walking Shadows)

Enviado por kuarox el Jue, 15/07/2021 - 13:45
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1. Dances Of Death (19:11)
I. Introduction (1:11) – (0:00-1:11)
II. Eruption (1:34) – (1:11-2:45)
III. Beyond The Gates (4:53) – (2:45-7:38)
IV. Outburst (1:19) – (7:38-8:57)
V. Days Of Betrayal (4:14) – (8:57-13:11)
VI. Restless (00:53) – (13:11-14:04)
VII. Sanctuary (3:01) – (14:04-17:05)
VIII. Finale (2:06) – (17:05-19:11)
2. Transgressor (3:18)
3. True Believers (5:25)
4. Night On Bare Mountain (10:24)

Es gracioso, incluso grotesco, y no lo tomen como un ataque ni defensa a nadie, como en este mundo en el que vivimos, muchas veces el talento más grande queda ocultado y sepultado bajo capas de “superficialidad”, si se quiere ver así, pero listo y esperando pacientemente a que cualquiera que quiera ver más allá lo descubra.

Es el caso de los germanos Mekong Delta, una absoluta bandaza, que tuvo los … de hacer exactamente lo que le dio la gana en cada momento, sin buscar la aprobación y reprobación de nadie excepto de sí mismos. Y eso es para mí el secreto del arte: hacer aquello con lo que uno esté a gusto, complaciéndose a él sin pensar en el vecino. Que si luego gusta, pues oye, mucho mejor, pero primeramente estar a gusto consigo mismo.

Por consiguiente, no sé si es que nunca fueron tomados en serio, pero el hecho de hablar de “Big Fours” y demás dentro del universo Thrash, pues en fin. Que tal título seguramente lo merezcan las bandas a ambos lados del Atlántico englobadas en los “dos” conjuntos “Big 4” que yo conozco, siendo obviamente más relevante (que no necesariamente mejor) el estadounidense. Pero, aunque el Thrash pudiese en origen ser concebido como un género simple y para destruir, la vuelta de tuerca que le dieron los Mekong Delta, junto a otros colgados como Voivod, Watchtower o Coroner por ejemplo, pues es perfectamente digna de prestar atención. Porque francamente, muchos somos “súper-fans” del Rock Progresivo setentero; pero, ¿nos hemos parado alguna vez a pensar por qué éste llegó a nacer? ¿Nos hemos preguntado qué hubiese sucedido si un conjunto de “pirados”, hoy en día reconocidos y venerados, no hubiesen pensado algo así como “a la mierda”? ¿Si no se hubiesen machacado el cráneo en pos de darle al Rock ese estatus de complejidad digno del Jazz o la Música Clásica, y jamás hubiesen hecho animaladas de la talla de “2112”, “Court Of Crimson King”, “Foxtrot”, “Close To The Edge” o “Meddle”, por nombrar algunos de los básicos? Que la lista sigue: “Tarkus”, “Moving Waves”, “Mirage”, “Thick As A Brick”, “Pawn Hearts”, “In The Land Of Grey And Pink”, “Volume Two” (Soft Machine), “Gentle Giant”, etc, pero tampoco voy a mencionar todos porque son incontables. Incontables obras maestras, quiero decir.

Es así que llegan los 80 y la supuesta “caída en desgracia” de este género, que aún contó con notabilísimas bandas, los Rush, Yes y, quizá (según gustos supongo), Genesis de la época. También bandas “nuevas” como Marillion o Asia, entre otros. Sin embargo, en general el asunto se abordaba desde otro prisma debido a las directrices más simples y directas del Punk, junto con la dureza del naciente Heavy Metal clásico, tal como los podemos concebir hoy día. Éste último, aparte de fusionarse con diferentes y variopintos estilos, se ramificaría a una velocidad vertiginosa en géneros cada vez más extremos, juntándose incluso con su “enemigo acérrimo”, el Punk. Todo ello se llevó los focos en esta década, de forma parecida al Grunge en la siguiente y al propio “Prog” en la anterior. Y junto a todos los que imitaban o se influenciaban por la NWOBHM o el Big 4, aparecieron otros tipos que quisieron, además, seguir la estela de aquellos dioses de los 70. Hablamos de Queensrÿche, Majesty (Dream Theater), Fates Warning, etc, que no abandonaron totalmente, al menos en un principio, cierto poso de Heavy Metal clásico. Pero, aunque de primeras pareciese incompatible, los géneros más extremos, como el Thrash, contaban asimismo con gente de este palo, como los ya nombrados Voivod, que aún no sé si se les ha llegado a dar todo el crédito que merecen (bajo mi estricta opinión no). Lo mismo, y vamos a recuperar ya a nuestros protagonistas, sucede con Mekong Delta, que en el año 1990 (el mismo de “Rust In Peace”, “Coma Of Souls” o “Seasons In The Abyss”) lanzaría su cuarto trabajo en tres años, titulado “Dances Of Death” y subtitulado “And Other Walking Shadows”. Cuatro trabajos en tres años no está nada mal, ¿no? Y más viendo (o escuchando más bien) el formato de los mismos.

Porque vamos, empezar un disco con una salvajada (dividida en 8 partes, pero es igual, es un todo) de casi 20 minutos de duración, si no estabas en los 70, parece una condenada locura. Así que se me ocurra, Venom y su “At War With Satan” es el único ejemplo equivalente. Pero incluso esa epopeya de Cronos & cia se me queda desaguisada al comparar. Y es que, amigos, justo eso es lo que es “Dances Of Death”: una condenada; una absoluta y condenada jodida locura, porque es que es escuchar ese intro de guitarra clásica y quedarte pegado a la butaca, como en el cine ante una obra maestra. Que sí, que en los 70 era habitual comenzar o terminar (o ambas) un LP de esta forma, pero era lo que se demandaba entonces, y además en estilos bastante menos directos que los asociados a Mekong Delta, en los cuales existía la pausa necesaria, y había tiempo más que de sobra para desarrollar concienzudamente hasta las más bizarras orgías (me refiero a musicales, se entiende). Además, y esto es importante, se contaba con la absoluta paciencia del respetable, para que aquellos grandiosos y genuinos individuos se tiraran esas larguísimas y autocomplacientes improvisaciones, sobre todo en los directos. Pero las reglas del juego cambiaron ya a finales de aquellos 70, y no digo ya en los 80 y a finales de dicha década, cuando se hizo este trabajo. Si tú haces Thrash Metal y comienzas así tu disco en pleno 1990, es que los tienes que tener bien puestos. No viví aquellos tiempos, así que no sé si muchos thrashers al ver eso se echaron hacia atrás, pero si ese fue el caso digo que no había motivo para ello, ni lo hay ahora.

“Dances Of Death” es una cafrada tan grande como su duración. ¿Sabes lo que es el Thrash? Pues si no ahora lo (re)descubres en, insisto, ¡19 condenados minutos! Tras esa intro acústica de la que hablamos, que actúa como la primera parte del corte, la guerra se desata a partir de la segunda de las partes, “Eruption”, con unos riffazos que, si no son Thrash Metal, que alguien me diga qué leches son. Y desde ahí es un no parar en, repito, medio disco de duración. La voz de Doug Lee podrá gustar más o menos, a mí particularmente me gusta un poco más que la de Snake (Voivod, para los despistados), pero cumple perfectamente con el estilo que se despacha aquí. La parte tres, “Beyond The Gates”, es la más larga, comenzando con un break “thrasher” de manual, para a continuación proseguir la serie de tortazos con más riffs dementes. La cuarta, la breve “Outburst”, nos enlaza a la quinta, “Days Of Betrayal”, regida por el mismo corte, o sea, pura destrucción. La algo más “melódica”, y también breve sexta división, “Restless”, nos va conduciendo a la última “canción” más o menos larga de la suite, “Sanctuary”, destacando la presencia del bajo en su riff, aunque por momentos es un poco más reposada (entiéndase esto de reposada) que lo anterior. Retomando los riffs iniciales, “Finale”, octava y última parte, pone el punto y final al tema, punto y seguido al disco, con más leña. Momentos particulares en este tema hay muchísimos, cada quien podrá tener los suyos, y podríamos hablar largo y tendido de ello. Haciendo hincapié en algunos breaks, quisiera señalar el de “Beyond The Gates” en 5:23, además del rompecuellos de “Days Of Betrayal” a los 11:53 aproximadamente. Los solos, por su parte, si bien breves, tienen esa dosis de locura como tantos otros del género.

Hemos dicho que hay que tener valor para abrir un disco con una “suite thrasher”. Bueno, pues el mismo o más se necesita para cerrar el mismo LP con un tema instrumental de 10 minutos, al más puro estilo Rush y la inigualabale, inalcanzable y legendaria “La Villa Strangiato”. Aquí Mekong Delta dan cuenta de ello, y en “Night On Bare Mountain”, con el apunte de que no se trata de un tema original (pero sí algo arreglado) de nuestros protagonistas, pretenden crear su propia “Villa Strangiato”. Decir que, bajo mi estricto punto de vista, sigo prefiriendo el invento hecho en 1978, pero no creo que sean comparables por otra parte. Y eso no es óbice ninguno para no disfrutar de, tal vez, uno de los más grandes temas instrumentales dentro del metal, y para mi gusto oposita a mejor del Thrash en particular. Antes de seguir: sí, he escuchado muchas veces “Call Of Ktulu” y “Orion”, y me parecen muy buenos ambos, en especial el primero. También “The Crusade” (a pesar de seguir un rollo más moderno, alguien la podría incluir aquí), las más cortas “Into The Lungs Of Hell”, “The Ultra Violence”, “Thrash Attack”, y algunas cosas menos conocidas como el “Cyclone” de los Fuck Off, o más instrumentales de los propios Mekong Delta, entre otras. Bueno, pues ninguno, y digo NINGUNO, de los anteriores supera, para mi gusto, a este “Night On Bare Mountain”. Si acaso, juegan en la misma liga. El único “demérito” que le veo es que no es un tema original de ellos, sino del compositor ruso del Siglo XIX Modest Mussorgsky (quien también es una influencia en estos muchachos). Pero es que hasta a esto le dan una vuelta de tuerca monumental, llevándola a su terreno. Un terreno en el que la ya de por sí esquizofrénica composición clásica se transforma en un ejercicio metálico que, mientras va respetando bastante la partitura original en ciertos tramos, te zarandea, te golpea, te hace trizas y, al final, te susurra y te acaricia con esa parte acústica para enlazarte con el comienzo del trabajo. Simplemente mágico.

Entre ambas opus faltan unos ocho minutos de disco, copados por dos temas más cortos, más “normales” en definitiva. El primero, “Transgressor”, comienza con otro thrásico riff, pero lo que me gana de verdad son los cambios de ritmo que tiene, a los que le veo un buen poso Voivod, en especial el estribillo. Incluso, subjetivamente diría que podría equipararse a algunas de las más destacables cosas hechas por los canadienses. El solo en la línea de otros muchos dentro del thrash, con algún que otro palancazo esquizofrénico por ahí, tan típico del género. En poco más de 3 minutos, finaliza el tema repentinamente, cortándote la respiración.

Inmediatamente, ataca “True Believers”, que nos trae nuevamente esos acordes disonantes, también propios de la banda canadiense que hemos mencionado casi tanto como a los propios Mekong Delta. Gran riff con un bajo juguetón para empezar, y atención al break tras la intro, un puntazo esa acentuación irregular que te zarandea de un lado a otro, algo que asimismo es una de las señas del trabajo en conjunto. Me quedaría con la actuación de Doug Lee (sobre todo en las estrofas) y, nuevamente, con los cambios de ritmo a esos compases irregulares, o ese segundo break (si el oído no me engaña, creo que aderezado con un Flanger), seguido del estupendo solo, donde sientes nuevamente que te están zurrando de un lado a otro de forma totalmente aleatoria e irregular, y sin compasión alguna. Otro esquizofrénico y breve solo pone final a este, de nuevo, magnífico corte. Y es que, creo que la, en este texto, manida palabra “esquizofrenia” se podría aplicar al trabajo entero.

Solía decir a menudo, hace ya bastantes años, cuando era un incipiente thrasher, que el mejor disco del género en los 90 (si incluimos aquí el 1990) es “Rust In Peace” (discazo, por otra parte). Claro que, al realizar esa -creo yo- infantil declaración, no había escuchado todo lo que se cocía, como seguramente tampoco lo haya escuchado ahora. Por consiguiente, no afirmo en absoluto que “Dances Of Death” sea siquiera el mejor álbum de Thrash noventero, ya que al final creo que no existe el mejor como tal, porque aquí entramos en terreno subjetivo. Tampoco sé si es o no el mejor disco de Mekong Delta, del Thrash alemán o del Thrash mundial. Pero sinceramente, creo que este tipo de debates tan subjetivos al final acaban siendo estériles, y no conducen a nada, así que cada quien disfrute con lo que más le guste. Lo que sí sé es que estamos ante una absoluta masterpiece del género Thrash, y a los hechos (o escuchas) me remito.

Y por consiguiente, este “Dances Of Death” a mí personalmente sí que me parece, en este momento y a día de hoy, uno de los poquísimos del género (y no sólo de los 90) al que no le veo fisura alguna, por diminuta que ésta pudiese ser. Quizá tenga que ver la pedazo suite introductoria, quizá que al contener “pocos” temas no le da para que flojee seriamente ninguno o, muy probablemente, que yo actualmente ando mucho más metido y disfruto muchísimo más con los géneros progresivos que antaño, hasta el punto de ser mis predilectos con bastante diferencia, sean Rock o Metal. Pero todo esto lo digo después de darle sus más que merecidas escuchas durante estas semanas, tanto a este como a otros trabajos más y menos ilustres, para intentar ver algún fallo o algo que me hiciera recapacitar esta posición. Debo decir que, sintiéndolo o alegrándome mucho, según se mire, no he encontrado hasta el momento nada que me haga cambiar de idea, al menos hasta ahora. En otras palabras: para mí, esto equivale (incluso en la forma) a un “Hemispheres” del Thrash, con lo que ello implica, aunque por supuesto salvando las distancias con tan magna obra del 78.

De la alucinante portada de Joachim Luetke ya mejor ni hablamos, una imagen vale más que mil palabras.

Mi valoración: creo que, aún siendo objetivo, esto merecería ya de por sí la nota de notable alto (o incluso un sobresaliente). Para mí podría oscilar entre el 9 y el 9,5, más o menos. Pero, también digo esto: si en algún momento tuviese que dar algún 10 redondo a un disco de Thrash Metal, a pesar de que hay varios ejemplares más que me optan a ello, este podría ser perfectamente el escogido. Por tanto, voy a tirar para arriba y le pongo la cota superior.

9,5 / 10

La “obrilla” al completo

Doug Lee – Voces.
Uwe Baltrusch – Guitarras.
Ralph Hubert (Björn Elklund) – Bajo, Guitarras acústicas, composición, letras y producción.
Jörg Michael (Gordon Perkins) – Batería.

Sello
AAARRG Music