Slayer - Live Undead

Enviado por Hawkmoon el Mar, 15/03/2011 - 23:17
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1. Black Magic
2. Die By The Sword
3. Captor of Sin
4. The Antichrist
5. Evil Has No Boundaries
6. Show No Mercy
7. Agressive Perfector

Slayer fueron durante los ochenta (y gran parte de los noventa) el ente extremo más feroz del feudo metálico. Nadie, ni nada, parecía poder hacer frente al rugido sónico, y devastador, de la formación de Huntington Beach. La leyenda de Slayer nació con "Show No Mercy" (1983) y poco tiempo después, el titánico EP "Haunting The Chapel" (1984) se encargaba, él solito, de oscurecer y hacer, aún, más temible y destructiva, la premisa del combo de Kerry King y Tom Araya.

Eran tiempos de cambio en el reino del Metal, y parecía que los gigantes de siempre (Iron Maiden, Scorpions, Accept, Judas Priest, Motörhead o Saxon) no eran, ya, lo más atractivo de un panorama musical que se caracterizaba por ser ilimitado, cruento y feroz. Slayer, junto a otros soldados del Thrash (Metallica, Megadeth, Anthrax, Overkill...) le iban a demostrar al planeta entero qué era el Thrash Metal, y como se debía de interpretar: a lo crudo, sin guarnición ni hostias. En el mundo del Thrash nada se come cocinado. Todo crudo. Y más, en el feudo de Slayer.

Después de la edición del citado EP, Slayer ya preparaban su tercera entrega musical (el magno "Hell Awaits"), pero para hacer tiempo y no dejar hambrientas a las legiones de fans, que en cuestión de poco tiempo ya amaba a la banda como si fuese leyenda (de hecho, por sus propios méritos, les faltaba el canto de un duro para serlo) desde su casa discográfica se decidió que lo mejor sería editar un "Live". Primero, para llenar las arcas, y segundo, para enseñar como Slayer se las gastan en vivo. "Kill'Em All" (de sus odiados colegas Metallica) fue todo un puñetazo en la cara, desde luego. La movida Thrash tenía una cara, que era la del grupazo de Lars Ulrich, pero también tenía un alma, que era la de Slayer. Las dos cabezas más visibles (y temibles) del Thrash Metal competían, duramente, para alcanzar la gloria. Todo era como en una carrera de fondo. Un error y lo pierdes todo.

"Live Undead" nació para ganar la partida, lo malo es que no jugaron limpiamente. Supuestamente, el show que se estampa en el directo pertenece a una actuación de Slayer en Nueva York. Mentira. Con los años, el propio Kerry King destapó la movida: "Live Undead" no registró un show al uso, sinó que fue grabado en estudio de grabación, con 50 fans (amiguetes del grupo en muchos casos) y algunos arreglillos, para conseguir la atmósfera sudorosa, gritona, extenuante y violenta de un show de los guerreros de Mr. King. Una mentira molona. Pero una mentira. ¿Qué les habria costado entregar un show real? Aunque bueno, sospecho que muchos discos en vivo que venero tienen mucho material de estudio. Almenos, los Slayer se atrevieron a decirlo. Menos da una piedra.

Una portada realmente molona (mi primera camiseta de Slayer) nos recibe con mucho homenaje, y nada encubierto, al Eddie de los Maiden, y a los zombies de George A. Romero. La ilustración nos muestra a los cuatro Slayer, convertidos en demonios-zombies (sedientos de Thrash Metal) y enfrascados en lo que mejor saben hacer: volarnos el cabezón al ritmo del más desenfrenado Metal. Me gusta. Por cierto, nunca entendí por qué razón el personaje que imita a Tom Araya no lleva bajo. Quizás es una metáfora: "como el bajo nunca suena, pues ala, ni lo dibujamos". Más sinceridad imposible. Veamos que show nos espera. El ambiente es genial, aunque estamos algo apretados. Cosa normal, estando en un estudio, jejeje. Pero bueno, no rompamos la magia (negra) y vayamos a lo que importa: el jodido material "Slayeriano".

"Black Magic" (uno de mis temas predilectos de Slayer, hasta el fín de los tiempos) abre la guerra, y lo hace de puta madre. Da igual que Slayer toquen ante mil personas o ante una. Todo es avasallamiento brutal. Montaña riffera de primer nivel, con un Lombardo total (lejano aún a las maravillas que sus brazos, y piernas, nos iban a regalar con los años), un tándem de guitarras ideales y un Araya genial, con una buena labor, aunque con mucho agudo barato (de ése que hace tu colega cuando va borracho e imita a Rob Halford), y algún gritito del público (o sea, los coleguitas) para que nos creamos que estamos en el Wembley Arena o en Madison Square Garden. Indiferentemente de que Slayer "nos la hayan jugado", la sensación es vibrante. "Black Magic" es un himno total, nacido para reinar en un directo. No imagino un inicio mejor. Los hijos más cabrones de Venom, simplemente, lo bordan.

"Die by the Sword" (una de las mejores de todo el trabajo) desata, del todo, la locura, y antes de pasar un minuto, ya estamos aturdidos. No hay quien se pueda resistir a la fuerza pura, y brutal, del riffeo del tema. Tema eterno de Slayer, y tocado de cojones. No veas con el falso "Live". Una caña parda. Desternillantes los meneos que Jeff le pega al mástil. Y no lo son menos, los de King. Un tema, una guitarra. No les puede durar más. Slayer son, para mí, la banda de directo por antonomasia. El último bastión del Metal. En 1985, hacer frente a "Die By The Sword", cuando lo más atroz que se había vivído era el "Breaking The Law" o el "The Trooper", debió de ser orgásmico.

"Captor of Sin" (repaso al "Haunting the Chapel"), "The Antichrist" (mejorando la versión contenida en Show No Mercy", aunque con unos grititos, de nuevo, cortesía de Tom, de lo más lamentables. Menos mal que la voz se le jodió con tanta marihuana y aprendió a cantar como un jodido Thrasher) y "Evil Has No Boundaries" (tormenta decibélica ultra-extrema, y ultra-molona, y que suena a Venom, con 5 gramos de más en su ración diaria de "vitamina") acojonan por la pasión que destilan. Será un concierto de pega, pero joder, está siendo un pedazo de show. La banda al máximo y la audiencia entregada. Poco más se le puede pedir a un disco en vivo.

"Show No Mercy" y "Agressive Perfector" cierran el negocio con más carne quemada, más truenos, (hechos riff) y más demostraciones de que Lombardo no era normal. O Slayer tienen un batería ultra-veloz o es que alguien está pegando tiros en medio del show. Me gusta el (falso) directo de Slayer. Desde luego. Punto extra para Tom Araya, que aunque a nivel vocal aún no es la bestia que será (y da el cante, demasiado, como aprendiz de Halford) si que ya se intuye lo buen frontman que será. El (escaso) público come de su mano. Me encanta su soltura, y como presenta los temas. Mastica cada palabra.

Disco "enlatado" pero que resulta muy orgánico y molón. Ideal para el amante de Slayer. Hermano pequeño del excelso "Decade of Agression". Pero un hermano muy simpático.

4 cuernos (medios) para la "mentirijilla" de Kerry y sus amigos.

Tom Araya: Voz y bajo
Kerry King: Guitarra
Jeff Hanneman: Guitarra
Dave Lombardo: Batería

Sello
Metal Blade